Sobre el corazón de la Tierra. Fidel Maguna

Sobre el corazón de la Tierra, de Fidel Maguna, Rosario, Cachorro de Luna, 2017

*

Mi habitación está llena de humo pero no de ruido.
Fuera el mundo ruge en cuatro patas.
Dentro apuntes de una imagen que no existe se amontonan.
Rastros de ternura bajo las sábanas sobreviven a la última tormenta.

Fuera el suelo todavía está mojado
y en un charco una niña se refleja,
y más allá su madre
fuma un cigarrillo contra la pared.

La madre es hermosa, pienso, quisiera que venga junto a mí.

Pero primero hay que soplar el humo.
Abrir las ventanas y soplar el humo:
lo que quede será mío
y lo que se vaya no será.

 

*

Me quedé dormido detrás de mis propios ojos
y en mis ojos empecé a soñar: espero
que el tren termine de pasar
por el cruce de Francia y Brown y amanece
con un cielo lleno de alguaciles.

Apago la moto para oír el traqueteo
pero sólo oigo mi nombre.

Pegado a la vía
Antonio Montesanto almuerza,
me levanta la mano
y me pregunta cómo van los versos.

Bien, Antonio, me gustaría quedarme,
pero debo esperar que el tren termine de pasar
.

Me desperté con todo el cuerpo lleno de ojos
y con un rayo de luz quemándome la cara.
Debajo de la sábana, todavía,
puedo ver los alguaciles.

 

*

lentos bajan del río los camalotes,
lentos pitan sus cigarrillos los isleños:

el humo se queda quieto
frente a la boca de los hombres:
hace calor y la humedad lo detiene

lo único que parece tener movimiento es el río
y los dos niños que se precipitan corriendo a la barranca
para ver el cuerpo

“¡un muerto, papá, un muerto!”

el hombre lento se levanta, disipa
la nube de humo detenida frente a su boca
y camina hacia la barranca:

es cierto, entre los camalotes verdes
bajo la barranca marrón, hay un cuerpo negro
que se balancea lento, mientras el río corre, detrás

 

*

dejo pasar a los bueyes de la noche,
uno a uno los llamo desde el granero donde estoy buscando paz
“la noche será larga –les digo– intenten estar en calma”
los bueyes me miran con los ojos de un dios que no puede conceder milagros,
fuera llueve, truena y sopla un viento de los mil demonios;
los bueyes saben como yo que no sobreviviremos a la noche,
pero no somos iguales: ellos conocen el lugar donde pastarán mañana,
yo lo ignoro

 


 

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