Xitlalitl Rodríguez Mendoza

Abismo minúsculo dentro de otro*

 

De Datsun

Las plantas con flores son presas ocasionales para el gato. Cuando las garras del felino se aprestan para hacer rugir la calidad de su evolución, el crisantemo se sacude en las turbulencias de un cielo ocupado. El gato gira y lame su tibio corazón de mamífero, prepara su vientre, donde cientos de paracaidistas fundarán su nueva patria.

 

Las ciudades lejanas (si se toma en cuenta que el trayecto al corazón del extranjero es también una distancia) suelen tener un viento áspero y maltratado que sólo se amansa con la lengua local. Las arboledas principales son un muro rugoso para recargar la oreja y adivinar el camino. A lo largo de esta muralla y tropezando con rocas livianas -como de unicel, habría pensado alguien que no conocía la nieve-, Datsun empezó a recoger plantas de la calle.

Algunas flores y muchos árboles necesitan del viento para la diseminación de su polen,  asonó en su cabeza la voz del señor argentino que doblaba las caricaturas.

 

Vinil

 Miro el punto antes del punto que da pauta de línea:
brea dispersa por la grieta horizontal
de una palabra.

Sé que los ojos son interferencias
en el zumbido del rostro,
y aún así me ciño a ellos
como a dos rieles de bambú.

Miro el punto antes del punto,
no es el árbol insumiso del polvo.
Es el punto antes del punto
un paseo en la sonda invertida de la especie:
ave dilatada en el contorno del estanque.

Puedo seguir mirando
incrustada en el ademán convexo
de la memoria
sin desviar la caída.

Punto corre a toda vereda
dibuja la línea artificial de mis palmas:
soy una pieza extendida
a lo largo de mis manos.

Rueda en sí mismo, antes el punto,
el molino erosionado
de la vista
inventa la secuencia
antes, después.
En el centro el punto antes del punto.
Línea es lo que hay entre el sonido y su morada.

 

NO FUI YO quien lo dijo porque como carne. Porque he vivido apenas tres veces menos que muchos y porque no he probado caldo de iguana después de mi primer parto. Porque no he esperado a que muera mi yerno para que mi hija venga a contarle las flores a mis vestidos, ni me limpio la boca con la tortilla que estoy comiendo. No fui yo quien lo dijo aunque tengo esa frase intacta en la memoria como el pelo recién cortado que no me deja, pegado a las medias de nailon, y se recrea en el campo fraternal de los imanes. No fui yo porque no creo necesario subir el vestido de mi nieta para llegar a Vallarta sobre asiento de piel en el reflejo tropical del mediodía. Porque nunca cumplí cien años contando dieciséis. Porque no desprecié la felina decadencia que salta y derrumba la figura de mis amigos. No fui yo quien lo dijo porque nunca estuve en el funeral de mi esposo, así nomás, haciendo fila.

 

De  Catnip


Lencería fina
o -incluso- cutre
vestidos de ancho vuelo y una
correcta disposición de bagatelas
son lujos de los que uno debe prescindir
cuando vive con un gato.
Pero el cabello
-y esto es irrefutable-
debe lucir alto
montado sobre la nuca
y listo para saltar.

 

Soy Murka, sobreviviente del sitio de Stalingrado. Madre de ocho gatos. O lo que es lo mismo: de ocho muertos. Llevaba información de posiciones enemigas a soldados rusos, mientras ellos vigilaban sus últimos minutos de vida al otro lado de la calle. 1942 fue un invierno duro. Tan duro como el cadáver de un niño sin nombre asesinado por la ametralladora Maxim. Y por debajo, y por encima, yo transportaba restos de algo importante, algo como el fin del día, como un ronroneo, como una lengua áspera entre los dedos armados, como una alerta de vigilia, pero vigilia al fin.

 

Luego volveremos sobre ello

 Leche negra
noches blancas
nieve oscura
es el clima de un
viajero sin la brecha
mullida del hambre.
El hambre es de los que mueren
en los canales
nocturnos de la
incertidumbre.
En cambio,
un bandido
en la nieve
echa más luz
que una molotov
en la Oficinal Oval.
Edith lo ama
y nunca volveremos sobre ello.
Lo sabe usted,
Robert Walser,
porque sabe que
el amor no es más
que una bengala quebradiza
bajo el zapato de un niño.
Edith lo ama.
Y sólo volvió
a la blancura de la joven
salina con sus ojos
muertos bajo la nieve,
con el costado roto por
la vida en la calle.
Edith lo ama, Robert Walser.
Usted nunca volvió sobre ella
ni sobre los vidrios rotos
de un hospital abandonado.

 

De Jawz

 

Esto es agua / respira / abismo minúsculo dentro de otro / caes / dentro de ti caes / dentro caigo / todo en mí suspendido / hacia adentro / espasmos oscuros / asfixiarme es nacer / estoy naciendo / esto es agua.

 

Nazco de noche / en el fondo siempre es de noche / soy un pez abisal de la vida cotidiana / de las calles y corrientes / de los pasillos de ultramarinos / asfixiarme es nacer / como nacen de las latas las sardinas / como nace ese aro en la palabra hoz / en la palabra jaws / en las mandíbulas.

 

 

A SHARK IN CHAMELA

Jaws significa tiburón, significa gato oscuro del océano que avanza sin maullar y también rasga. Jaws. Soy un chico que bebe solo al amanecer en la playa, que va buscando entre la arena centavitos huérfanos para echarlos en un casco de caguama. Algo gratuito. El mar –como los gatos y la muerte– es gratis. Sólo hay que buscar la manera de acercarse un poco, esquivar hoteles de lujo, evitar puertos, mirar el sol.

 

ALETEO DE TIBURONES EN TIERRA

Ahora soy un hombre / aunque quisiera ser actor, madre o francés / Quisiera ser algo que me alejara de este edificio / de esta ventana / de este vidrio de dos pulgadas que busca contener al vacío / quizá ser extra en algún documental de National Geographic / Quisiera no temerle a las alturas.

Ahora soy un dardo / una fisura adelgazándose veloz en medio de ciudades sumergidas / toda ciudad es ante todo una acumulación, agua negra, mansedumbre contra sí misma / un lugar devorado / Ésta ciudad no es La Habana, pero tampoco existe / Mi abuelo diría: “Vamos a construir una ciudad”, y me daría adobes diminutos para erigir un Nacimiento / Mi abuelo durmió en bancas que él no construyó / Vamos a trazar una ciudad, dijo, y luego levantó casas / estanques / escuelas y sopló una pecera redonda y transparente / sin bancas y sin techo / una pecera redonda que se vuelve invisible en el mar.

 

NOTA AL FINAL DEL CUADERNO DE INGLÉS III

Hey, tú, cara pez, cara pez, cara pez. ¿Ya lo olvidaste? Dos segundos de ternura, cara pez. En tus ojos, cara pez. Platos negros, cara pez. Botones de muñeca en el fondo, cara pez. No me muerdas, cara pez. Tú me amas, cara pez. No lo olvides, cara pez. Lo dijiste, cara pez. Con tus dientes y tus crestas y tus señoritas rémoras y con esa aleta puntiaguda que parte la luna en dos.

 

 

LA TEMPORADA DE TIBURONES  es temporada de turistas / floraciones de plancton / playas que son parques / pasto que es marino / cielo que es cielo / agua a las rodillas / y un perro que nada en la arena / se revuelca / brinca / salta / se aleja / le teme al mar / a ese espejo abierto que ahora refleja luz / y vuelve rojo al mundo / y hace que el perro ladre / y se ocupe de sus asuntos de perro / y luego / al igual que uno / vuelva.

 

PIENSO  en lo que perderé si me ahogo / si tomo la aleta y me hospedo / si me quedo dormida / agua salobre / artificial / si tengo la razón cuando digo que es posible ahogarse / morir / no ser hallado / hundirse / extrañando la naturaleza / donde el diesel recorre las playas / pavimento / motores / transparentes oasis de silicón brotando de los cuerpos como islas / despertadores / edificios crecen y carreteras se alargan / lejos de aquí / donde agua /todo es agua / barco lejano / no debo pensar / debo caer /caigo.

 

FIN DE TEMPORADA / regreso a mi empresa sin liquidez / a mi entorno / mis agujas / al hombre que grita / al hombre que nada / a tiburones sin salario / a la noche, mi noche / acorazado de origami / como otros irán a su vez ocultando lajas grises / sus runas / lenguaje binario en piel calcárea /nombre ajeno / balbuceado animal / como ellos guardo rutas / rupias / rutinas / corbata gris / en la marea de un martes / mantra / pez / abisal / agua

/ esto es agua.

 

* Selección realizada por Ana Lafferranderie.


Xitlalitl Rodríguez Mendoza (Guadalajara, Jalisco, 1982)

Poeta y editora, Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara.  Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2015 por el libro Jaws. Ha colaborado en diferentes revistas literarias de México y del extranjero.

Poesía
Jaws, Mantis, 2015
Apache y otros poemas de vehículos autoimpulsados,
Ediciones Mono, 2013
Catnip,
Col. La Ceibita, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2012
Datsun,
Punto de Partida, UNAM, 2009
Polvo lugar,
La Zonámbula, 200

Links
Poemas. En Transtierros / Tierra Adentro
Artículo de la autora. “Charles Simic, el mundo no se acaba”, en Tierra Adentro
Entrevista. “3 preguntas…”, en La Cigarra